DE UNA ESPIRITUALIDAD DE LA LIBERACION A LA MILITANCIA POR LA LIBERACIÓN.

DE UNA ESPIRITUALIDAD DE LA LIBERACION
A LA MILITANCIA POR LA LIBERACIÓN.

Un modelo de Iglesia esta profundizando en sus laicos la despolitización de la sociedad, y por más que existen instancias progresistas si se quiere, hoy en día cuentan en sus prácticas pastorales con una fuerza más simbólica que con una fuerza transformadora. Con la vuelta de la democracia en la Argentina no solo el ejército regreso a su lugar (cuarteles), también, las orientaciones más liberadoras comenzaron en el tiempo de democracia a tener un proceso de atrincheramiento de sus propios espacios creando cercos e interpretaciones teóricas, como dice el refrán “cada chancho a su rancho” alejándose del ejercicio del control ciudadano.
¿Qué sucedió con las organizaciones, movimientos y demás instituciones que no se supo asumir la democracia? ¿Qué sucedió que en el peor de los casos solo se quedó en las prácticas contestarias de las fuerzas liberadoras?¿Qué pasa hoy con la teología de la liberación? ¿Qué adecuación tomó la militancia en la democracia para la teología de la liberación?

Las transformaciones sociales toman rumbos cuando sus ciudadanos son capaces de trazarse metas que permitan la recuperación de espacios, de democratizar aquellos en los cuales se encuentran analizando y asumiendo, en los marcos de construcción los diferentes costos que pueden implicar como consecuencia de la permanencia de una dinámica de de-construcción y re-construcción.
Existe una tendencia, mal intencionada o no, de la cual resulta poco pedagógico el hecho de orientar desde el seno de la Iglesia a sus ciudadanos laicos hacia ciertos márgenes paradójicos en cuanto ha como sostener, entender y practicar la democracia dentro de una sociedad, mientras que en la misma institución eclesial y en sus diferentes espacios siguen ausentes la experiencia de democratización de saberes y de decisiones. Es conveniente recuperar algunas cuestiones claves desde la perspectiva de ciudadanos laicos, salvo que, por lo contrario, se quiera insistir en la práctica de una espiritualidad que no sea atravesada por la realidad social, ni mucho menos por la política y su implicancia en la vida laical de los ciudadanos, y que en lo mejor de los casos el hecho de repolitizar la sociedad solo sea una concesión para los “autorizados”.No debiendo ser este el espíritu de la Iglesia y entendiendo que todo lo social esta atravesado por la política y desde ella se reconstruye la sociedad de manera dinámica, no se puede entonces definir ni establecer cercos como la penosa tarea de desacreditar categorías como la de militancia o la de limitar conceptualmente y geográficamente qué es la democracia, indicando que lugares o espacios son mas fecundos u oportunos, no tan solo por el hecho de hablar de ella, sino también por el hecho mismo tan recurrente en los espacios propios de los laicos de plantear ciertas cuestiones sin criterios y presencia democráticas por los que tiene la “autoridad”

El contrato social de la jerarquía eclesial para con sus laicos y su juego de poder y poder político.
Se ha originado una especie de contrato social o al menos se esta impulsando hacia ello y con fuerza a los ciudadanos laicos por parte de la Iglesia local (Diócesis de Santiago del Estero) respondiendo a la tensión creada por Benedicto XVI en sus reiteradas condenas a una práctica de orientación liberadora. Este contrato social que no solo crea un imaginario de cómo deben ser las maneras de reflexionar, relacionarse y comprenderse en una realidad socio político, sino que, por otra parte termina por confundir y anular la capacidad ciudadana de los laicos.
No cabe duda que en este imaginario (contrato social), el retorno de la política y las reflexiones en torno a la ciudadanía y al espacio público (lugar donde se confrontan con otros actores políticos y se toman decisiones) se presentan debilitados, casi ausentes, en donde incluso dicho contrato es alimentado por una práctica del silencio, la especulación y la omisión, realidad no solo de esta Iglesia, sino también de la mayoría de las instituciones y movimientos locales que se encuentra en una situación “entrampada” como consecuencia de esta nueva red clientelar de los subsidios armado por el aparato estatal y que cuyo otorgamiento de los mismos se da bajo una fuerte condición del silencio.
Curiosamente y en relación a la Iglesia local de Santiago del Estero, el Episcopado Argentino conservador presenta una actitud de fuerte crítica hacía el gobierno nacional, aparentando de este modo un episcopado comprometido, liberador si se quiere con la historia de las deudas sociales; sin embargo, lejos de esto, no es mas que evidenciar una lucha de poder y de conservación del mismo (tantas veces negada) en el marco del juego discursivo de ataque y defensa. Esta pulseada, se reflejó en las homilías-discursos de los últimos tiempos en la voz del presidente del episcopado que en nombre de la verdad y de Dios se orientó a la reivindicación y dignificación humana; obviamente al margen de asumir cualquier mea culpa, culpas que llevan en sus espaldas con el peso de la condena social que intentan ignorar.

Situarse en la perspectiva del Reino es participar de la lucha por la liberación de los oprimidos, dado por supuesto que opresión no solo existe en la economía, o en la política, sino también en la pedagogía y en el genero, ejemplo claro que se constató en el Jubileo de los Docentes realizado en el mes de septiembre de 2007 en la Ciudad de Santiago del Estero, cuando sin distinción se condenó la categoría de genero en el marco de un seudo taller de sexualidad que estuvo lejos de lo Jubilar y mas lejos aún de resignificar y dignificar el rol docente, más si, en establecer nuevos y nefastos “contratos sociales” negándole a la docencia su capacidad y esencia de educar.
Si los anhelos de cambios y de transformaciones no se plantean y exigen bajo nuevos criterios de construcciones de búsquedas y de conocimiento acerca de la realidad emergente ya sea desde las CEBs, espacios de formación académicos u otros espacios de pretendida orientación transformadora, los contratos (imaginarios) no entraran en crisis y por ende no se podrá armar e imaginar una fuerza transformadora, ni mucho menos se podrá imaginar una sociedad distinta.
Es necesario volver a mirar, re-significar la dimensión política del hombre para el sujeto ciudadano laico, replantear la participación democrática y revisar quienes tienen la palabra, como se la da y bajo que condiciones…Una espiritualidad significa en el pensamiento de Gustavo Gutiérrez una reordenación de los grandes ejes de la vida cristiana en función del presente.

Identidades ciudadanas: laicos con identidad ciudadana para recuperar la militancia.
Es urgente que se habiliten espacios donde exista la posibilidad que se reconstruya identidad ciudadana en cada sector o lugares de pertenencia, para que desde la pluralidad, es decir de las identidades ciudadanas, y a partir de sus propios dinamismos con las que deben contar, puedan los sujetos colectivos madurar, encausar e intuir horizontes de crecimiento y de más humanidad, recuperando espacios y construyendo poder. Esta madurez procesal y necesaria de las identidades ciudadanas en el espacio que le son propios se enfrentan a su contexto histórico, cargadas de miserias e injusticias pero también de esperanzas, capacidades y creatividades. En virtud a esto último se presenta la urgencia de la construcción de una identidad ciudadana transformadora de laicos/as que a su vez en este amplio espectro tendrá que haber identidades ciudadanas diversas y comprometidas de un conjunto de hombres y mujeres de Iglesia, hecho que será posible en la medida en que no existan trabas, bautismos categoríales que cierren la historicidad de los sujetos ciudadanos laicos a partir de ciertos imaginarios que se establezcan como reguladores de comportamientos de miradas e intuiciones impidiendo la madures y el crecimiento de un compromiso hacia lo social en clave de militancia.
Sea cual fuese el sector de la sociedad, aunque sea en un marco mínimo de organización, más aun cuando existen criterios básicos de reflexión y de diagnostico de la realidad social les cabe frente a otro basto sector de la población con necesidad de organización, una responsabilidad - obligación de asumir la ciudadanía.

“La política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres. Dios ha creado al hombre…”
Recuperar la militancia en la identidad ciudadana de los sujetos ciudadanos laicos de eso se trata, militancia que fue remplazada bajos los cánones del neoliberalismos por categorías como las de animadores, capacitadotes, coordinadores, facilitadores, mediadores ,borrando por completo la categoría de la militancia en la mayoría de los ámbitos con perspectivas socio-políticas.

Hacia una política liberadora.
Dicha militancia se materializa en el ejercicio ciudadano de cada identidad ciudadana que no queda absorbida en su espacio, al contrario, se encamina al espacio publico, se encuentra con otras identidades ciudadanas, articula fuerza, confronta con otras y pretende incidir en la toma de decisión. No se trata, en este caso, advertir si la teología hace liberadora o no a la política desde una interpretación de la Teología Política, la política es liberadora en si misma ya que se trata como lo piensa Hannah Arendt en el hecho del estar juntos y los uno con los otros de los diversos, entendiendo lo “juntos” como ese “nosotros” de una identidad ciudadana que piensa e imagina proyectos abarcativos con otros, en pos del Bien Común. Lo que se plantea aquí, tal como lo expresa Gutiérrez, es como desde la teología (cualquiera sea su orientación) se desprivatize la política, en pos de dar rienda a un dinamismo y a una militancia desde los ciudadanos laicos que le permita madurar su identidad ciudadana como laicos que son de una Iglesia local, en miras de ampliar sus espacios de participación procurando un rol protagónico. El problema central es poder hacer esta distinción: de que se es ciudadano y también laicos sin que se confundan, ni confundan a los laicos sobre lo que es bueno, o puro en el terreno de la política o participación social.

La política y la ciudadanía laical en medio del debate teológico polarizado
¿Será acaso necesaria una nueva Teología Política que permita criticar los fundamentos mismos de la actual teología política como una revisión incluso del carácter público del testimonio de Jesús? ¿El debate polarizado de las dos corrientes ideológicas de la teología no favorece acaso a la línea conservadora en esto de mantener entretenidos a los que tienen elementos para discutir teorías y posturas mientras que la gran masa laical de precaria formación observa confundida?
Existe un fuerte debate polarizado en la Iglesia Católica. Esta tensión de las dos tendencias liberadora y conservadora en donde la primera trata de justificar su despego de la teoría marxista mientras que la última la condena por su apego, no hace mas que constituir una especie de muralla hacia los laicos, impidiéndoles mirar y ejercer de manera autónoma su ciudadanía y su realidad política, hecho que le sigue conviniendo a la línea conservadora mantener esta especie de muralla y de confusión a sus laicos. No resulta casual entonces la condena a Jhon Sobrino y a la teología de la liberación previo a la Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe en Aparecida por el actual Papa. Estas provocaciones, no son más que pretensiones de abrir instancias de nuevos debates teóricos, por supuesto lejos de la gran mayoría de los laicos que si bien se animan y defienden con débiles o fuertes intuiciones, no alcanza para impedir que se siga postergando, anulando la identidad ciudadana y la realidad política de hombres y mujeres de Iglesia.

La política es liberadora por si misma.
La política no le es propio de ninguna de las dos tendencias teóricas que tiene la Iglesia, por ende cada uno sabrá como encauzar este desafío de “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es Dios. Mientras tantos los hombres y mujeres de la política, o sea de las diferentes identidades ciudadanas tendrán el desafío no solo de ocupar las instituciones ya existentes sino hacer de la política una estrategia integral que suponga organizar las reivindicaciones de la sociedad en diferentes planos y expresarlas en instituciones ya existentes como nuevas instituciones en clave de una política de construcción cotidiana.
¿Qué resultaría si del debate polarizado ya planteado se desvanece por la ausencia de la línea liberadora? ¿No emancipará a los laicos no solo de este debate infecundo sino de tantas categorías que operan como obstáculo para un compromiso social y político? ¿Desprender a los laicos de este debate no será acaso más liberador?
Si la política es liberadora por si misma entonces habrá que ocupar espacios propios para esta pretensión o favorecer la formación de los mismos bajo una pedagogía política. Para esto se requiere ciudadanos laicos despegados de este debate polarizado y que libremente en su militancia descubran horizontes políticos de prácticas más liberadoras y de justicia social.
La redefinición de lo político evitará por un lado que la nueva teología política mezcle lo político y lo religioso, como hizo la antigua teología política clásica (El poder solo en la institución de la Iglesia y del Estado) y por otro lado creer que la democracia es patrimonio de alguien o algunos. No siendo esto así, se puede por un lado pensar en democratizar los espacios y las instituciones y por otro lado pensar no solo a la democracia con esa posibilidad de ser reinventada, si no también la práctica de las identidades ciudadanas.

dIEGO Ramos. Cor. Argentina.

Enviado por cor.chile el Jue, 2007-11-08 00:09. categories [ ]