Rompiendo silencios
Por Mayra Viñalet Navarro
“A veces, el silencio es la peor mentira.”
Miguel de Unamuno
El debate que por estos tiempos va aflorando en la sociedad cubana tuvo este jueves una nueva e inusual manifestación. Un tema pocas veces abordado en los predios nacionales fue traído a la atención pública mediante un conmovedor material fílmico.
La realizadora cubana Lissette Vila, mostró, ante un atiborrado teatro, el emotivo y estremecedor documental La deseada justicia, para dejar al descubierto el trágico tema de la violencia familiar.
Siete historias fueron narradas a viva voz por sus protagonistas, siete mujeres víctimas de cruentos y recurrentes maltratos a manos de sus maridos, en sus propios hogares.
El escenario de este acontecimiento fue la conocida sala de teatro Hubert de Blanck, en el vedado capitalino, que con su habitual comodidad -y en medio de la escenografía de La cacatúa verde dirigida por Luis Brunet- recibió además al Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Romero, organización de la sociedad civil cubana a la que se le debe gran parte de esta proyección y cuyo trabajo hizo posible rescatar a éstas y muchas otras mujeres, igualmente vulneradas.
El documental de Lissette Vila es una valiente denuncia a un fenómeno que no por silenciado deja de existir en nuestra sociedad. Las imágenes revelaron con claridad las diferentes caras que puede asumir la violencia intrafamiliar. El problema, que muchas veces aflora a los ojos de todos, se manifiesta en cada estrato social, desde los más humildes o marginales hasta aquellos sectores de la población donde prevalece un pensamiento intelectual. No existen diferencias de razas ni de edades para que conflictos de esta índole se manifiesten en cualquier segmento de la población, aunque predomina en el género femenino.
Entre los principales valores de esta producción está el énfasis en la necesidad de educar a las víctimas para que puedan poner fin al conflicto que las agobia y rescatar su dignidad. Ayudarlas a trazar estrategias que permitan mejores relaciones interpersonales, y buscar ayuda profesional en casos necesarios, devienen armas fundamentales para erradicar este problema.
La posibilidad de sobrevivir a la violencia es el principal mensaje que transmite el documental. Los enormes cambios, modificaciones y transformaciones que las protagonistas lograron dieron un nuevo sentido a sus vidas. Así pudo percibirse en la sala cuando, al finalizar la proyección, estas mujeres salían de entre el público, tan emocionadas como ellos y seguras de sí mismas por haberse salvado.
Un breve y sentido encuentro de ideas y experiencias propuesto por la realizadora trajo al escenario a especialistas como Isabel Moya, directora de la revista Mujeres, e Ivón Valdés, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de Cuba. Durante el intercambio, desde el público emergieron testimonios tan valientes y conmovedores como los recogidos en el documental, ahora con la satisfacción de no continuar callándolos.
Se escuchó igualmente el reclamo de que el documental se proyectara no sólo en talleres y discusiones sino en otros medios como la Televisión y en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, para que el mensaje pueda llegar a todos los rincones de la sociedad.
Habla Lissette
“La violencia doméstica es una situación que nada tiene que ver con un proceso político, social o ideológico dado, porque está en el universo privado de la gente”, me comentó Lissette al finalizar. “De todas formas, creo que es un privilegio tener un proyecto social como el cubano.”
Respecto a sus motivaciones, expresó: “Tenía un compromiso como cubana, eso es lo que me impulsó. O sea, yo le daba visibilidad a las latinas en otras partes del mundo, y tenía realmente esa deuda, me sentía cómplice al no decir esas cosas de mis cubanas”.
Al referirse al rodaje del documental, Lissette Villa tuvo palabras de reconocimiento para las protagonistas. “¡Qué mujeres! Están reconciliadas con la vida. Asumieron todo lo que han sufrido, han revertido el sufrimiento, y esa es también la esencia del proyecto: que no se sientan frustradas, sin caminos, sin rostros, sin ideas.”
La artista ofreció una penetrante valoración sobre el fenómeno. “Es una relación de tradición cultural. Por supuesto, cuando te hablo de tradición cultural está lo social ahí, en esencia. Y están las relaciones de poder en el mundo privado, en el espacio privado, que casi siempre son masculinas. Los hombres forman parte de esa maraña de la violencia, porque los han sometido también: a ser mantenedores, proveedores, a tener un papel en la dinámica familiar que a veces no pueden sostener. Ellos también fueron violentados de niños, vieron violentar a sus madres, a su abuelas.”
Al término de nuestra conversación, concluía Lissette: “Mira, la violencia es un ciclo, absolutamente, no te quepa la menor duda pero además, es invisible, no te das cuenta. Cuando llega la violencia física lo que ha pasado antes no ha sido capaz de percibirse, de darse cuenta, de recepcionarse. Cuando te dan un golpe ya estás deshecha. Tampoco tiene que ver con el alcoholismo. Es otra situación, de liderazgo absurdo, falso, totalmente estereotipado, y todo eso lleva a una condición de desigualdad, de falta de ponderación, por eso siempre trabajo la violencia a partir de la cultura de armonía, de tranquilidad. Esas mujeres que se presentaron en el documental dejaron de ser víctimas, son sobrevivientes, y están ahí para dar sus testimonios”.
No existe ningún derecho para que una mujer sea maltratada. Ningún ser humano lo merece. Guardar silencio favorece estas acciones, descritas como una de las más vergonzosas violaciones que se cometen contra la mujer. Denunciar y revelar todo atropello sería el comienzo de una batalla, que bien se puede ganar. En este sentido, es alentador que un material como La deseada justicia haya encontrado artífices y un espacio para reflexionar.