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PREASAMBELA DEL SICSAL ZONA NORTE DE SUDAMERICAEn Colombia, tres países hermanados por la memoria martirial y profética de Monseñor Romero Del 12 al 15 de marzo, 25 delegadas y delegados de Ecuador y distintas regiones de Colombia, nos reunimos en nuestra preasamblea regional del Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos de América Latina, Orcar Romero – SICSAL-. Nuestras hermanas de la República Bolivariana de Venezuela se hicieron presentes desde la distancia, ante las dificultades de última hora para hacer presencia física y nos hicieron llegar una síntesis sobre la coyuntura Venezolana a la luz del compromiso cristiano. Laicas, laicos, pastoras, religiosas, religiosos, sacerdotes, coincidimos en diagnosticar una necesidad: la profundización de la realidad de la región con una mirada particular desde la espiritualidad. Nuestra preasamblea quiso responder inicialmente a ese desafío y en ese ambiente trascurrieron los cuatro días de compartir. La República Bolivariana de Venezuela y del Ecuador pasan por un momento particular de la historia en que sus gobiernos, con todos los límites de las construcciones históricas, apuestan por impulsar relaciones mas justas, donde la autodeterminación de los pueblos y la constitución de sujetos populares, determinen las relaciones con los otros países. En esa construcción Colombia aparece como un régimen que se orienta en sentido contrario a esas búsquedas regionales, tal como se evidenció el 1ro de Marzo, cuando las Fuerzas Militares de Colombia, con apoyo de la inteligencia militar estadounidense, atacaron el campamento del guerrillero de las FARC Raúl Reyes, violando la soberanía nacional ecuatoriana y minando los avances en la liberación unilateral de retenidos en poder de esa guerrilla colombiana. En este escenario regional, del lado de Colombia, principios mínimos de humanidad y del derecho internacional, construidos por las naciones y refrendados por los pueblos, han sido desconocidos y banalizados a favor de la terca lucha contra el terrorismo. Una invasión a Ecuador, es interpretada como actuación legítima de guerra, el parecido físico de un ciudadano ecuatoriano con un guerrillero colombiano, lo hace objeto de la exposición pública como trofeo de guerra en Colombia, el parecido físico de un dirigente comunista argentino con el ministro de Defensa Ecuatoriano hizo que se exhibieran fotografías en los medios colombianos para intentar demostrar los vínculos del hermano país con la guerrilla de las FARC, una masacre de guerrilleros y ciudadanos de Argentina y Ecuador, en estado de indefensión, es interpretada como un combate. Esas mentiras que ha podido constatar la opinión internacional, son solo una expresión de las falacias que se convierten en verdad a través de la propaganda oficial en Colombia, yendo en detrimento en la moralidad pública de incalculables proporciones: ejecuciones extrajudiciales contra campesinos, son presentadas como muertes en combate; los eventos de desmovilización de paramilitares son presentados como proceso de paz; la existencia de un conflicto armado interno es negada y presentada como amenaza terrorista; la publicación de resoluciones de reconocimiento de tierras a comunidades es presentada como devoluciones efectivas de predios mientras empresarios amigos del gobierno las siguen usufructuando; movilizaciones como las del 6 de marzo fueron presentadas como promovidas por las FARC; las defensoras y defensores de derechos humanos son señalados como parte de la estrategia jurídica de las guerrillas, la operación de impunidad, conocida como ley 975 o de Justicia y Paz, que acompaña la falsa desmovilización, es publicitada como justicia. Esta realidad hizo que nuestra preasamblea del SICSAL, considerara como prioritario enfrentar la crisis de espiritualidad que se expresa en la inversión de la realidad donde la verdad de convierte en mentira, las víctimas en victimarios y el gobernante en un pequeño dios. En esa búsqueda, la vuelta a los fundamentos de la tradición judeo cristiana, a los testimonios martiriales y proféticos de tantas mujeres y tantos hombres que entregaron su vida a la causa de la justicia y a las profundas espiritualidades de los pueblos indígenas, que se convierten en fuente de reconstrucción de la erosionada conciencia moral de tantas y tantos en países como Colombia, con consecuencias para el área. Las dos primeras mañanas de nuestro encuentro, se dedicaron a recabar fundamentos y horizontes de sentido en esta realidad. Las hermanas y el hermano de Ecuador, inspirados en la memoria martirial y profética de mons. Proaño expusieron, semillas nativas, wipalas, fotos, velas encendidas, atuendos indígenas, símbolos de la hermandad en la resistencia de los tres países de nuestra región y los sintetizaron en tres acrósticos con las letras de cada uno que integran los valores que se están a reconstruyendo y están por reconstruir Encarnación Verdad Comunidad Desde el oscuro túnel en el que transita Colombia, luces de la resistencia resplandecen esperanzadoras, como se expresó en otra de las jornadas de sentido y oración que acompañaron nuestra preasamblea: La vasija de barro reconstruida por las víctimas de los crímenes de estado, símbolo de la comisión ética internacional que indaga la verdad, la justicia y reparación desde las víctimas; semillas y palabras de las comunidades del Putumayo, frontera con Ecuador, afectadas por la estigmatización estatal y la persecución; la Palabra de Dios como dadora de sentido y Esperanza, los cantos de vida y resistencia como los interpretados desde Venezuela por Alí Primera. La preasamblea, cuerpo de muchos rostros y sonido de muchas voces, conoció el proceso actual del SICSAL, su proceso de refundación, sus objetivos, los continentes y países que lo integran, las formas organizativas que está adoptando, los acuerdos resultantes de las últimas asambleas y comité directivo, la asamblea de Guatemala. Inspirada en este proceso universal de solidaridades que se encuentran, anualmente seguirá reuniéndose regionalmente, y en cada país seguirá abordando la dinámica que requieran los procesos internos. En Colombia, por ejemplo, cada mes se convocará a los Agapes de vida. Todas y todos los presentes le apostamos a este proceso. Los dos días siguientes de nuestra preasamblea, fueron de profundas experiencias de encuentro con las víctimas y sus resistencias. A cuatro horas de Bogotá, en la extensa llanura del departamento del Meta, nos encontramos con la Zona Humanitaria de la Comunidad Civil de Vida y Paz del Meta, comunidad que fue víctima del desplazamiento forzado provocado por actuaciones conjuntas de militares y paramilitares desde enero de 2002. Las palabras de niñas, niños, mujeres y hombres, dieron cuenta de sus dolores pero también de sus esperanzas. Nos hablaron de sus víctimas, de los dos años de desplazamiento en la ciudad de Villavicencio, de la decisión de constituirse en Zona Humanitaria para estar mas cerca de sus tierras y proteger sus vidas, de las medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana. En una celebración eucarística que duró medio día, mostraron la profunda espiritualidad que anima su propuesta. El SICSAL participó del segundo aniversario de esta comunidad en el que se inauguró un inmenso monumento a los asesinados y desaparecidos construido con piedras que albergaron los nombres de los seres queridos que ya no están físicamente. En medio de las piedras pintadas de blanco y negro, una inmensa Ceiba da sombra a ese lugar de retiro y espiritualidad martirial en el que las víctimas se niegan al olvido y recrea la comunión con lo trascendente. El último día, después de 4 horas de viaje de regreso, la cita fue con las Casitas Bíblicas del barrio Diana Turbay en el sur de Bogotá. La palabra de Dios se recreó con la realidad, se conocieron las búsquedas de soberanía alimentaria de las familias de ese barrio, a través de la agricultura urbana que aprovecha cada espacio de los patios de las casas para producir hortalizas y legumbres que mejore la alimentación de los miembros de las casitas. A esa cita se sumaron dos miembros de la Comisión Ética Internacional, una de las madres de la Plaza de Mayo de Argentina y un delegado de la Comisión Ética contra la Tortura de Chile, que completó el abrazo de los pueblos del sur por la memoria, la verdad, la justicia, la reparación. Al final un sancocho se convirtió en el pan compartido que fortaleció nuestros cuerpos en el camino por seguir. Los abrazos de despedida de todas y todos los participantes en la preasamblea sellaron la fraternidad de los pueblos que nos encontramos y abrieron el camino de un proceso regional necesario y urgente para la esperanza de nuestros pueblos. Contamos continuar en este andar y en este compromiso que animan tantos profetas y mártires como Monseñor Romero, Yolanda Cerón, Teresita Ramírez, Monseñor Proaño, René García, Valencia Cano y muchos indígenas y campesinos que nos muestran el camino. Bogotá, D.C., 25 de marzo de 2008 |