Comunicado con ocasión del décimo aniversario del asesinado de Gerardi

Fundación Rigoberta Menchu Tum

La Verdad es un derecho básico y un camino para el reencuentro, la conciliación y la construcción de la unidad nacional. Monseñor Gerardi contribuyó a la recuperación de la memoria de lo ocurrido durante el enfrentamiento armado interno, a enfrentar el olvido y superarlo para avanzar en la unidad de propósitos de la sociedad, a reconocernos como depositarios de la responsabilidad de construir el futuro, nuestro futuro. Esa fue la razón principal de su cobarde asesinato.

La responsabilidad y la obligación ética del Estado a la verdad y de castigar las violaciones a los Derechos Humanos y demás hechos de violencia durante el enfrentamiento armado interno y en la actualidad, es simplemente indeclinable e inderogable. Verdad y justicia constituyen pilares esenciales para hacer posible la democracia, pues su carencia la niega.

La situación de los derechos humanos en Guatemala dista de ser la deseable para una sociedad democrática. Sus causas estructurales - aún intactas-, impiden el avance vigoroso del proceso orientado a la construcción de la paz justa y duradera: la impunidad, la corrupción, la violencia, el hambre, la injusta distribución de la tierra y de los ingresos, el racismo y la discriminación hacia los pueblos indígenas. El vergonzoso aprendizaje de las prácticas contrainsurgentes durante décadas, exige esfuerzos por desaprenderlas mediante una institucionalidad fuerte y nuevas relaciones basadas en la solidaridad, la tolerancia y el respeto.

El modelo de democracia representativa asentado sobre las viejas bases de iniquidad, está colapsando. La población toma cada vez más distancia de la corrupta política partidista y, por consiguiente, la política sigue alejándose de la sociedad. Eso debe revertirse. Es imperativo que el pueblo se convierta en el sujeto del poder construyendo una nueva institucionalidad democrática que descanse en una entusiasta participación ciudadana generadora de nuevas tradiciones cívicas y de una nueva democracia. La política expresa el proceso de la sociedad y, en consecuencia, hay que convertirla en un ejercicio básico de ciudadanía y de reivindicación de los derechos humanos. Esta sería la manifestación más elaborada de una nueva etapa de la vida democrática de Guatemala y no sólo como producto de un nuevo gobierno electo mediante la emisión del sufragio.

La vida y el martirio de Monseñor Gerardi indican con claridad que los senderos del bien común y de la unidad de los pueblos por la justicia, la democracia y la paz, están expuestos a tantísimos riesgos y sacrificios. Nunca antes habíamos vivido retos de magnitudes tan grandes y tan complejas como en la actualidad. Guatemala será inviable como país, si no es capaz de afrontar los desafíos de su historia, de derivar las responsabilidades personales e institucionales que correspondan a quienes han matado, a quienes han traicionado a la sociedad y a los más altos valores humanos, tampoco será capaz de afrontar las terribles amenazas que la humanidad afronta en este momento crucial de la historia en que se impone el proceso de globalización del mercado por encima de los derechos humanos, a costa de la miseria y la hambruna de millones.

Hay un destino mejor por construirse en Guatemala. Su horizonte está compuesto del conjunto de aspectos básicos formulados en los Acuerdos de Paz y en la disposición de los diferentes sectores sociales y pueblos por articularse, luchar y hacer posible un sólido Estado de derecho y una nueva democracia con justicia pronta y cumplida.

Fundación Rigoberta Menchú Tum
Guatemala, abril de 2008.

Enviado por cormurcia el Dom, 2008-05-04 18:15. categories [ ]