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Carta abierta de la Coalición Nacional de Organizaciones Cristianas de Palestina (NCCOP) al Consejo Mundial de Iglesias y al movimiento ecuménico

Autor | Autores: 
Coalición Nacional de Organizaciones Cristianas de Palestina (NCCOP)
Amigas y amigos:
Después de un largo paréntesis, vuelvo a ponerme en contacto con ustedes para compartirles un mensaje fuerte de las comunidades cristianas palestinas.
 
Se trata de una carta abierta donde advierten que están "al borde de un colapso catastrófico" y que "ésta podría ser nuestra última oportunidad para salvar la presencia cristiana en esta tierra". La carta, dirigida por numerosos grupos que forman la Coalición Nacional de Organizaciones Cristianas de Palestina (NCCOP) al Consejo Mundial de Iglesias −pero válida para todas las iglesias, comunidades y personas cristianas del mundo− llega en un año muy especial, porque se cumplen varios aniversarios dramáticos en la historia de opresión que sufre el pueblo palestino a manos de la ocupación colonial sionista:
- 100 años de la Declaración Balfour (por la cual el Imperio Británico le prometió la tierra de Palestina al movimiento sionista europeo, con total desdeño de la población árabe nativa que la habitaba);
- 70 años de la Resolución 181 de la ONU, que recomendaba una muy cuestionable partición del territorio histórico de Palestina (y que nunca fue implementada);
- 50 años de la ocupación de Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este y los Altos del Golán sirios por parte de Israel, como resultado de la Guerra de los Seis Días;
- 10 años del cruel e inhumano bloqueo por aire, tierra y mar a la Franja de Gaza (que mantiene a dos millones de personas, la gran mayoría menores de 20 años, en la cárcel al aire libre más grande del mundo, con una gran carencia de recursos y servicios básicos que se cobra muchísimas vidas al año, además de someterlas a bombardeos periódicos).
En diciembre se cumplirán además 8 años desde que se dio a conocer el documento del movimiento Kairos Palestina, un llamado desesperado del movimiento ecuménico palestino a las iglesias y personas cristianas del mundo para que les ayuden a poner fin a la ocupación colonial en su tierra. La situación desde entonces no ha hecho más que agravarse en el terreno, a manos del gobierno más fascista y extremista de toda la historia de Israel. 
 
Ante esta realidad, ha crecido el movimiento global de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), iniciado en 2005 por la sociedad civil palestina, del cual forman parte las instituciones e iglesias cristianas. Este movimiento ciudadano y no violento, hoy extendido en todo el mundo, se inspira en la lucha sudafricana y mundial para poner fin al régimen de apartheid en ese país, en el cual las iglesias tuvieron un papel muy importante. Su objetivo es aplicar medidas de presión efectivas y eficaces (en la forma de boicot, retiro de inversiones y aplicación de sanciones) para obligar a Israel a cumplir las numerosas resoluciones de la ONU y los tratados de Derecho Internacional que desconoce y viola sistemáticamente desde hace siete décadas.
 
El movimiento BDS ha recibido un apoyo activo de iglesias cristianas en Europa, Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica y otros países. Su éxito es tan grande que Israel lo ha calificado como "amenaza estratégica" y está buscando por todos los medios criminalizarlo.
 
Mientras la atención internacional está puesta en Siria y en el caos generado por actores como el Daesh/ISIS, la mayoría de los análisis parecen olvidar que el principal y más antiguo factor de desestabilización en toda esa región es el Estado de Israel y sus políticas coloniales, belicistas y racistas. Casi 70 años de limpieza étnica y medio siglo de ocupación y colonización son posibles porque los gobiernos, los organismos multilaterales, la opinión pública -y también las iglesias- de nuestros países se limitan a tolerar la impunidad de Israel y continúan tratándolo como si fuera un país normal. Es hora de actuar para poner fin a tanta complicidad y omisión. Las y los cristianos del mundo entero tenemos un papel que jugar, actuando en respuesta a la súplica de nuestras hermanas y hermanos de esa Tierra Santa.
 
Para no extenderme, les dejo con la lectura de la carta, y les exhorto a difundirla, a adoptar las medidas y acciones que allí se piden, y a reflexionar sobre las formas concretas en que podemos actuar. 
 
Un saludo fraterno, y gracias por leer, discutir y difundir este mensaje.
M
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