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Día a día con Monseñor Romero. Libro II. Monseñor Romero - Hombre de Dios.- 39

Autor | Autores: 
Luis Van de Velde - Movimiento Ecuménico de CEBs en Mejicanos. Iniciativa ecuménica "Sentir con el Pueblo"

265. Dios revelado como principio de amor.

Estos días oí nuevamente el comentario sobre las pruebas que Dios nos da, pero que el Señor nos ayudará para superarla.  En medio del dolor, del no entender, de la rebeldía, de la condena, del duelo, del llanto y las lágrimas, … nadie podrá decirnos que Dios nos pone pruebas y que a la vez nos da fuerza para superarlas.  Monseñor Romero nos recuerda hoy que la revelación fundamental de la vida de Jesús es que Dios es Padre, “principio de amor a los seres humanos”.  ¿Un buen padre pone pruebas, trampas horribles (como el asesinato de un hijo o la desaparición de un nieto) para ver si seremos fieles?     No, no y no!!!!  Si un buen padre, si una buena madre no hace esas cosas tan horribles para con sus hijos/as, ¿Por qué hablamos de esa manera de Dios?

Monseñor recoge la frase “Dios se ha revelado como águila que lleva a su pueblo sobre sus alas”. Dios es “la fuerza liberadora de su pueblo”.  Esto es otra cosa que “el que pone pruebas, trabas, tentaciones,…”  Pero es realmente la fuerza liberadora del pueblo.  Es ese pueblo que grita exigiendo justicia y denunciando los robos, los engaños, la explotación, la violencia, el lujo de políticos y magistrados,…  La fuerza de los líderes políticos no es la voz de Dios.  Su voz suena desde el pueblo que sufre, que se desesperar, que grita su esperanza y su confianza….

 

266. Santificar el día del Señor.

Monseñor Romero hace una cita[1] del Concilio diciendo que eucaristía dominical es la asamblea de los fieles para renovar su alianza con Dios y para darle gracias por la esperanza de la salvación. ¡La comunidad de las comunidades se reúne los domingos para renovar esa alianza de vida. En esa alianza hay un compromiso de Dios y un compromiso de los fieles.  La experiencia histórica nos enseña que nosotros fallamos muy fácilmente ante esa alianza, no respondemos de verdad para ser “un pueblo en liberación”. Nos necesitamos para animarnos, fortalecernos, recordarnos los compromisos respondiendo a la fuerza liberadora de Dios. 

Y en segundo lugar la eucaristía dominical puede y debería ser acción de gracias (la palabra “eucaristía” significa “profundo agradecimiento”) por la esperanza de la salvación.  Damos gracias por ese fuego de esperanza que la salvación divina nos alimenta en el corazón.  Porque hay que tener mucho aguante… los cambios tan esperados (miles murieron en la guerra de liberación, murieron por nuestra liberación) solo se concretizan a pasitos pequeños (que además pocas veces valoramos de verdad).  

Necesitamos alimentarnos permanentemente para cumplir (en la medida de lo posible) con nuestros compromisos en la alianza y para mantener viva la esperanza de la salvación.   Ahora bien, será en el seno de la comunidad de fe que se puede garantizar esa “alimentación”     

Muchas veces las misas se han convertido en ritos que bien responden a los cánones, a las instrucciones para la liturgia, pero que están tan alejadas de la vida del pueblo.   Necesitamos la necesaria creatividad y participación activa de las y los creyentes, tanto en la preparación como en la celebración misma de la eucaristía: renovar la alianza y agradecimiento por la esperanza.   Ojalá fuera así.  Pero podemos hacer pasos. 

 

 

267. Haremos todo lo que dice Yahvé.

“Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo”.  Es un resumen de todo el antiguo testamento, de la fundamentación de la fe y la esperanza de ese pueblo hebreo (nacido desde esclavos, explotados, oprimidos, excluidos, sin tierra, ….).   Y la respuesta de ese pueblo: “Haremos todo lo que dice Yahvé”.  Esa es la alianza.  Es la base de la confianza del pueblo en la fidelidad de Dios. 

El núcleo de la responsabilidad del pueblo en la Alianza es el cumplimiento con los 10 mandamientos (que ya hemos comentado en reflexiones anteriores).  Y poco a poco el pueblo va ir descubriendo más concreciones de su compromiso: abrir los ojos a los ciegos, los oídos a los sordos, levantar a los leprosos y quienes están postrados, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, estar cerca de las y los enfermos, liberar  los cautivos, visitar a los presos en las cárceles,…..

Ojalá que cada mañana podamos decir en la oración “Dios, Madre y Padre de toda bondad, haré todo lo me dice”.  En Jesús sabemos lo que Dios nos dice.  En el sufrimiento y las esperanzas de familias más pobres que nosotros escuchamos el grito de Dios mismo.   Ojalá que cada comunidad cristiana pueda expresar eso colectivamente, no tanto conceptos doctrinales de hace siglos (como en los credos ecuménicos), sino en palabras enraizadas en el pueblo: “Dios, Madre y Padre, como comunidad “haremos todo lo que nos dice”…..  y podemos concretarlo para el siguiente día, semana, mes, año….. 

 

268. Nunca es tarde para el Amor de Dios.

No son nuestros caprichos los que van a dar la solución de la verdadera felicidad.”  Monseñor Romero está consciente que vivimos bajo la tentación constante de imponer nuestros propios criterios y pensamientos y propuestas.  El egoísmo (tan enraizado en nuestro corazón) siempre trata de obtener ventajas hasta en las propuestas aparentemente más generosas, altruistas, estratégicas,…  ¡Cuantas veces no lo hemos vivido (y lo vivimos) a nivel de Iglesia en quienes tienen alguna o más responsabilidades, se portan como dueños y sabelotodos!   El mismo Monseñor Romero reconoce en esta homilía “yo el primero entre todos ustedes, pecador”.

Solamente desde nuestra desnudez ante la presencia de Dios, de rodillas, humilde y sinceramente, vivir y orar que “Tú, Señor, tienes palabras de vida eterna”, nos dará la fortaleza de enfrentar la tan necesaria conversión constante. 

Ante los ojos de hombres y mujeres, tan fácilmente nos ponemos máscaras y aparentamos ser alguien diferente. Por supuesto en nuestro corazón sabemos de mentiras, de engaños, de deslices, de fallas, de traiciones, de abusos,….  Pero solamente sin – cera  (sin la máscara) ante Dios, seremos capaces de confiar que “nunca es tarde para el amor de Dios”.  

 

269. Dios me ama.

Hay momentos en nuestra vida que sentimos la vida bastante complicada  “(por más complicada que se sienta”).  Cuantos fracasos de vida por el alcoholismo, por la traición y el engaño de amor en la pareja, por las drogas, por la idolatría de las redes y los TIC, por los juegos electrónicos y los casinos, por la ansiedad del poder,…..  Para muchos serán momentos o períodos cortos de esa complicación de la vida.  En comunidad fraterna logran encontrar fuerzas para seguir adelante, para corregir y deshacer la complicación.  Otros/as ya se metieron en un callejón que parece totalmente sin salida.

Aun así, Monseñor Romero nos recuerda: nunca es tarde para el amor de Dios.  Dios me ama. Así como soy, - yo pecador, dice Monseñor. Ante Dios, siempre habrá salida, nos ama de verdad “yo no me olvidaré de ustedes”!!!

Esta misión la tiene también la Iglesia, la comunidad de base: jamás nos olvidaremos de las personas, por muy complicado que sea su vida.  Siempre daremos la mano y abriremos el corazón. Para cada uno/a (en situaciones infernales) hay una salida, porque Dios nos quiere y la comunidad creyente quiere dar testimonio de ese Dios, omni-misericordioso, todo-misericordioso. 

 

270.  Yo creo en Ti, Señor.

En las Iglesias estamos acostumbrados a recitar con mucha frecuencia uno de los credos tradicionales: Yo creo en ….   ¿Quién entiendo hoy de qué se trata?   Es que es una síntesis teológico de respuestas a desafíos de hace muchos siglos, no a los interrogantes de hoy, ni es un lenguaje que podemos entender.

Monseñor Romero nos recuerda en la cita de hoy que “creer en el Señor”, que “conocer a Dios” es una vivencia práctica y cotidiana de la vida.  Si se quiere saber si uno/a cree de verdad en el Señor, no hay que ir al culto, ni preguntarle si cree en los dogmas expresados en el credo, sino hay que ver como vive, como actúa, como ama, como sirve.  Se trata de una vida entregada a Dios que se visualiza en la entrega total y sin reserva a las mujeres y a los hombres, especialmente las y los más excluidos/as y empobrecidos. 

El culto, el rito religioso solo es auténtico si es la expresión agradecida de la vida llena de Dios, llena de servicio solidario y liberador a las y los (más) pobres (que nosotros mismos).  Solo si estamos cargando la cruz histórica y esforzándonos para bajar de la cruz a las víctimas del sistema en que nos toca vivir, seremos capaces de confesar: gracias, Señor, que puedo creer en Ti. Gracias Dios Madre y Padre que puedo conocerte cada vez más.  

Este testimonio de fe es lo que muchas veces nos ha fallado en las iglesias y comunidades cristianas. Hablamos bonito.  Celebramos liturgia. Pero nuestro testimonio (que es martirio) diario personal y como comunidad queda muy corto y limitado.    Nos damos cuenta que hay una preocupación por la sacramentalización de nuevas generaciones, pero mucho menos por la radicalidad de la vida al servicio del Reino de Dios. 

 

271. Amar es entregarse.

Monseñor presenta el amor auténtico en total oposición a lo que el sistema consumista nos plantea los 14 de febrero, los días de la madre y del padre, de los abuelitos, de los niños y de las niñas.   “Amar es no reservarse nada para sí mismo. Es darse por completo” para que otros vivan y sean felices.   Ese amor nos lleva a que nos claven en la cruz y aún ahí el verdadero amor es capaz de perdonar, a vencer la tentación del odio y la venganza.   Ese amor radical es “amar a Dios”.  Quien ama a su prójimo, ama a Dios. No se puede amar a Dios, sin el amor radical a las y los demás. 

En el camino de Jesús podemos descubrir que viviremos en la medida que vayamos entregando todo para las y los demás, no solo en la pareja, no solo en la propia familia, no solo con las amistades o los cercanos en la comunidad de fe, sino especialmente en el encuentro que los crucificados, las víctimas de hoy.  Amar es cargar con su cruz. Hacerse solidario/a de verdad, y no con limosnas.   Y Jesús ha enseñado que ese camino nos hará de verdad feliz.  Las bienaventuranzas de los evangelios hablan claro en este aspecto.  Arriesguémonos.

 

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